Alambrador
Qué dura estaba la tierra
Cómo roca aquella tarde,
Le sacaba chispas
La vieja barreta a los peñascos,
Se divertían los tábanos
Y junto al sudor
Qué empapaba la frente del alambrador.
Arisca la liebre, de reojo mira
Y entre el vuelo corto, allá el perdigón
Engañan al perro, qué olfatea a lo lejos,
La noche y el día, parece lo mismo
Revuelo de teros llamando atención
Sus ojos se pierden en el horizonte
Sólo lo mantiene la fe, la esperanza
Las ansias de vida, la gran ilusión.
Eduardo Chagas
Lobo pequeño